CIFP Cruz de Piedra

Oferta de Formación Profesional

Formación Profesional

La oferta formativa del CIFP Cruz de Piedra se centra actualmente en ciclos de grado medio y superior de Formación Profesional.

Cada uno de estos ciclos formativos está regulado por su correspondiente decreto normativo que configura un Título de Formación Profesional y su posterior desarrollo en forma de currículo.

Los programas formativos de estos títulos deben tomar como referencia las necesidades de cualificación del sistema socioproductivo y, en consecuencia, enfocarse desde la perspectiva de la adquisición de la Competencia Profesional, es decir, el conjunto de capacidades necesarias para desempeñar "roles" en situaciones de trabajo.

Esta demanda del sistema productivo de Formación Profesional viene determinada por los cambios sociales producidos en los últimos años:

  • La crisis económica y con ello de empelo.
  • La reestructuración del mercado de trabajo.
  • El incremento y la creciente variedad de los servicios sociales.
  • La aparición de nuevos campos profesionales.
  • El desarrollo tecnológico.
  • La implantación y generalización de nuevas tecnologías.
  • La rápida obsolescencia de los equipamientos y de las técnicas y procedimientos.
  • La automatización creciente de los procesos productivos.
  • Las nuevas formas de organización y gestión administrativa.
  • Los mencionados cambios sociales reclaman, pues, un sistema de Formación Profesional que reúna ciertos requisitos fundamentales:
  • Flexibilidad, para adaptarse a las necesidades y demandas del entorno productivo.
  • Agilidad y capacidad de respuesta a los desafíos del acelerado cambio tecnológico, así como al cambio en las demandas del mercado de trabajo.
  • Polivalencia, para facilitar la promoción de las personas.
  • Autorregulación, mediante principios de ordenación.
  • Vinculación con el sistema productivo.

La Formación Profesional pretende que las titulaciones profesionales acrediten a las personas, además de un nivel de formación, una cualificación profesional. Esto significa pasar de un sistema que tradicionalmente ha acreditado formación a otro que además acredite competencia profesional.

Por mucho que valoremos la importancia de la formación dirigida a la adquisición de conocimientos técnico-científicos y culturales, hay una serie de competencias clave que se asocia más a unas conductas y unas actitudes de las personas. Estas competencias son transversales porqué afectan a muchos sectores de actividad, a muchos lugares de trabajo y, lo que es más relevante, están muy en sincronía con las nuevas necesidades y las nuevas situaciones laborales.

Estas actitudes que conforman las competencias clave de los profesionales del presente y el futuro no son un mero complemento útil a las competencias técnicas para las cuales uno ha sido contratado o valorado en su puesto de trabajo. Estas competencias deben incorporarse en el currículum de la formación profesional como elementos identificadores de una actitud profesional adecuada a los tiempos modernos.

La primera de las capacidades clave es la capacidad de resolución de problemas, es decir, la disposición y habilidad para enfrentarse y dar respuesta a una situación determinada mediante la organización y/o aplicación de una estrategia o secuencia operativa -identificación del problema, diagnóstico, formulación de soluciones y evaluación- definida o no para encontrar la solución.

La segunda es la capacidad de organización del trabajo o, dicho de otro modo, la disposición y habilidad para crear las condiciones adecuadas de utilización de los recursos humanos o materiales existentes pera desarrollar las tareas con el máximo de eficacia y eficiencia.

La capacidad de responsabilidad en el trabajo es la disposición para implicarse en el trabajo, considerándola la expresión de la competencia profesional y personal y cuidando de que el funcionamiento de los recursos humanos y materiales sea el adecuado.

La capacidad de trabajar en equipo es la disposición y habilidad para colaborar de manera coordinada en la tarea realizada conjuntamente por un equipo de personas para conquistar un objetivo propuesto.

La quinta capacidad es la de autonomía es decir, la capacidad de realizar una tarea de forma independiente, ejecutándola de principio hasta el final, sin necesidad de recibir ninguna ayuda o apoyo. Esta capacidad de trabajar de forma autónoma no quiere decir, no obstante, que en ciertas etapas o tareas concretas el profesional no pueda ser asesorado.

La sexta es la capacidad de relación interpersonal. Por este término entendemos la disposición y habilidad para comunicarse con los otros con el trato adecuado, con atención y simpatía.

La última de las capacidades clave que hemos seleccionado es la capacidad de iniciativa o habilidad y disposición para tomar decisiones sobre propuestas o acciones. Si estas propuestas van en la línea de mejorar el proceso productivo, el servicio a los clientes o el producto, podríamos estar ya hablando de la capacidad de innovación.

Otro enfoque del aprendizaje necesario para la incorporación al mercado de trabajo con una cualificación profesional, exige un técnico polivalente, con autonomía, con capacidad de aprender y trabajo en equipo, que incorpore los cuatro aspectos de un aprendizaje integral: saber (conocimientos), hacer (destrezas), ser (actitudes) y convivir (compromiso).

En primer lugar, como el aprender a ser, entendemos aprender a ser persona, desarrollando nuestra identidad personal, conociéndonos a nosotros mismos, nuestras virtudes, nuestros defectos, habilidades, capacidades... tomando una actitud optimista y desarrollando nuestras actitudes positivas.

En segundo lugar, aprender a saber. Además de tener conocimientos, nos referimos a las capacidades necesarias para aprender, predisposición al autoaprendizaje, iniciativa, búsqueda de información, observación, investigación, aprender de nuestros errores, etc.

En tercer lugar, por aprender a hacer entendemos, además de las habilidades y conocimientos para intervenir y aplicar procedimientos y hacer las tareas, el tener iniciativa en tomar decisiones, desarrollar nuestra autonomía, tener creatividad, saber resolver nuestros propios problemas, ser perseverantes y constantes, etc.

Y por último, y en cuarto lugar, aprender a convivir, aprender a vivir juntos en sociedad, y para ello, es imprescindible conocer las normas sociales y desarrollar nuestro compromiso, trabajar en equipo, compartir, ayudar, y por lo tanto es necesario saber expresarte, comunicarte, respetar, cooperar, ser solidarios... todos tenemos derechos pero también contamos con deberes.